16 mayo 2010
Te dejaré tener tu harén de mujeres deseadas, esas que siempre desfilan por tu cabeza e, incluso, las que aún no has podido imaginar.
Bésalas, tócalas, fóllatelas.
Yo, a cambio, solo te pediré una cosa: que, cuando vuelvas a mis brazos, que sé que lo harás, lo desees más que nada en el mundo.
Vuelve y susúrrame al oído: “no sé cómo he podido dormir en otros brazos”.
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