
Cucurucho de chocolate
13 Agosto 2008Echo de menos aquellas épocas en las que las vacaciones de verano duraban tres meses. Te despedías de tus amigos de clase y te contaban qué iban a hacer y tú les contabas dónde ibas a ir. Y empezaba el larguísimo verano…
Solías comprarte un cuaderno de “Vacaciones Santillana”, que yo nunca acababa. Mi hermana sí, contaba los ejercicios y los dividía por los días que tenía por delante. Así que cada día hacía exactamente los que le tocaban. Ni uno más ni uno menos. Yo no. Debaja todos los ejercicios para la última semana y así no había manera de acabarlos.
Por la tarde ibas al parque. Jugabas con algunos amigos (los que no se habían ido a sus torres o apartamentos) y te comías algún polín. Globos de agua, bicicletas y patines. Bote-bote, escondite, pichi, pilla-pilla. Me encantaba jugar a pichi. Era como una versión cutre del beisbol, pero nos lo pasábamos pipa. Empezaba a oscurecer y volvías a casa.
Y llegaba agosto. En agosto nosotros nos íbamos todo el mes a un apartamento de playa. Eran días de una rutina extraña, con fecha de caducidad. Playa por las mañanas, corriendo por la orilla, nadando sin saber cuándo pararías. Mi madre gritaba para que saliésemos del agua para irnos a casa. Volvía a casa con el sabor a mar en los labios, que me encantaba. Sudando. Mi madre hacía la comida mientras nos duchábamos y comíamos. Los días especiales: paella. Fanta de limón. Luego siesta, al menos un ratito, obligadas por nuestra madre. Por la tarde bajábamos al parque, a jugar con los amigos del verano. Corrías a casa porque, para variar, se había hecho tarde y tu padre te echaría la bronca. Y por la noche, nos sentábamos en el balcón, jugábamos a las cartas o simplemente veíamos la noche caer. Otras noches, nos íbamos a comer un helado al paseo, mirando la luna reflejada en el mar. Yo siempre me manchaba cuando comía mi cucurucho de chocolate.
Y así, un día tras otro. Terminaba el verano y parecía una gitana de lo morena que estaba.
Yo era feliz. No necesitaba nada más.
Yo echo de menos los veranos similares, pero mi helado era el de limón, no me manchaba y, por supuesto, en mi vida me he puesto morena (al menos no a un nivel que el resto de la humanidad pudiera identificarlo como moreno… triste, pero cierto).
Un besote!
PD. Yo sigo con lluvia y viento… Ascodeverano!