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25 Marzo 2008

Uno de mis mayores defectos es que soy muy curiosa. No puedo evitarlo, me gusta enterarme de todo. Quizás lo más perverso de todo esto, es que soy mucho más chafardera con completos desconocidos. Me encanta hablar y curiosear sobre vidas que me son totalmente ajenas. Hago cosas de las que, tras unos segundos de negar mis impulsos de vecina-chafardera, me ruborizo.

Hoy ha sido un día en el que me he ruborizado dos veces y ambas por lo mismo. Estaba en el metro y a mi lado se ha sentado una chica guapísima. Iba toqueteando el móvil y yo, seguramente sin ningún tipo de discreción, he leído uno de sus mensajes. Era de un chico y le decía que tenía ganas de verla y hacerle el amor.  Me he fijado en el nombre del chico y he visto que todos los mensajes en su buzón eran de él. Ella, la chica a la que estaba invadiendo su intimidad, ha borrado todos los mensajes. Ha dudado un segundo, pero lo ha hecho. Yo, totalmente escandalizada conmigo misma por mi acto de violación de la intimidad, me he sumergido en mi música intentando olvidar el gesto de rabia y despecho que había presenciado.

Cuando volvía del trabajo, fastidiada porque quería volver en bici pero no ha podido ser, me he sentado al lado de un hombre de mediana edad. Él también toqueteaba el móvil y otra vez he vuelto a pecar. Él leía un mensaje que decía: “Y lo peor de todo, es que aún te quiero y quiero que lo nuestro funcione”. En su bandeja de entrada, dos nombres de mujer. La otra, le decía que tenía ganas de verle. Él, sin duda alguna, ha borrado todos los mensajes de la primera mujer, la que le decía que aún lo quería. Me he vuelto a sentir mala persona y a sumergir en mi música.

He estado pensando en cuántos mensajes con de este tipo se escriben cada día. Y cuántos se borran. También en si los sms han aumentado nuestra capacidad de comunicación o la han reducido. Y, sobre todo, he pensado que un día me voy a llevar una buena ostia.

Un comentario

  1. Mejor leerlos en movil ajeno que en el propio, verdad?



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