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13 Marzo 2008

Ha entrado en el metro con una gran bolsa verde militar al hombro. Gorro de lana, chaqueta de cuero y mirada afable de ojos azules. Deja la gran mochila en el asiento a mi derecha. Me sonríe. Me fijo en que además de la pesada bolsa, lleva unas cañas de pescar. Hacía mucho tiempo que no veía a nadie con cañas de pescar, desde la infancia, cuando acompañaba a mi padre en verano y ejecutaba a los gusanos insertándolos en los anzuelos.

El hombre se pone los cascos y presiona el play. Sonríe para si mismo, se acuerda de escuchar la canción que justo ahora está sonando pegado a un morenaza, bailando. Es “Riders on the Storm”. Recuerda y sonríe pícaro. Recuerda, sobre todo, lo que siguió a esta canción. En realidad, no sé qué está escuchando ni que piensa, pero me lo imagino para hacer el viaje más llevadero.

El hombre me vuelve a mirar y sonríe. Me pregunta dónde le recomiendo ir a pescar. ¡Madre mía! ¡Qué pregunta! No sé bien qué decirle, yo solo iba a pescar en verano, en un pueblo de costa… Le propongo que se acerque a la zona del Fòrum, a los espigones. Aunque le comento que, quizás, no sea legal pescar allí. Tiene un acento como del norte de España, no sabría decir de donde. No es vasco, no es gallego. No sabría situarlo en un mapa y me jode.

Dentro de la bolsa verde, un chaval de unos 12 años, nota en la punta de la lengua el sabor de su propia sangre. Metálico, brota de su labio partido. Esta medio inconsciente y no sabe muy bien donde se encuentra. Le cuesta respirar, lo hace muy flojito, él no sabe que se debe a que tiene cinco costillas rotas. Le duele todo el cuerpo, pero no tiene fuerzas ni para quejarse. Se deja transportar, aunque en su viaje, solo nota frío y ganas de dormir. Desfallece.

El hombre se baja en la parada que le he dicho. Ha entablado conversación con un señor de su misma edad sobre pesca. Gusanos, anzuelos, cañas y pescados… Conversación para pasar el rato. Me vuelve a mirar y me da las gracias por el consejo. Cuando se pone la bolsa en la espalda, me fijo en una pequeña mancha marrón. En aquel momento no sé que es sangre del muchacho.

Una semana más tarde leo en el diario que han encontrado un chaval de 11 años entre las rocas del nuevo espigón en avanzado estado de descomposición. Al parecer, lo encontró un jubilado que fue a pescar.

Un comentario

  1. Wow. Digno de que los Cohen hagan una peli. Me encanta. Brava!



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